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1.1 El contexto regional




El crecimiento económico de los países latinoamericanos durante los primeros treinta años del siglo XX se presentó como una sucesión de auges intercalados con períodos de relativo estancamiento1; no obstante, a partir de los años cuarenta, estos países se incrustaron en un proceso de cambio llamado sustitución de importaciones, el cual más que un proyecto propio se presentó como una coyuntura dinámica2 que, articulada a la política de crecimiento económico como la vía de desarrollo, los condujo a la industrialización y a la urbanización aceleradas3.

En esta lógica, a partir de la década de los cincuenta, época en la cual subyacían concepciones de desarrollo, de modernidad y de justicia social al estilo norteamericano4, se crearon grandes expectativas fincadas principEn este proceso los países en vías de desarrollo no experimentaron ninguna mejoría real8, pues los índices de desnutrición se incrementaron, y la desigualdad y la distribución del ingreso empeoraron9. Así, después del gran auge, hacia finales de los años sesenta América Latina mostró las evidencias de la dependencia y del subdesarrollo o, como lo sostienen Cardoso y Faletto, los efectos de un desarrollo dependiente10.

No obstante, como lo señalara Carlos Matus en su libro Estrategia y Plan, “los resultados de este proceso no fueron los que se esperaban”. Entonces fue posible observar que el crecimiento no había sido homogéneo ni equitativo; más aún, en las naciones más adelantadas, la industrialización que alentó y generó la emigración campo-ciudad, únicamente se localizó en algunos puntos geográficos y no fue suficiente para asimilar la fuerza de trabajo, provocando con ello la polarización económica y social7, problemas que en su momento se soslayaron por las altas tasas de crecimiento.

En este proceso los países en vías de desarrollo no experimentaron ninguna mejoría real8, pues los índices de desnutrición se incrementaron, y la desigualdad y la distribución del ingreso empeoraron9. Así, después del gran auge, hacia finales de los años sesenta América Latina mostró las evidencias de la dependencia y del subdesarrollo o, como lo sostienen Cardoso y Faletto, los efectos de un desarrollo dependiente10.

Esta situación se volvió más aguda en los años setenta cuando la economía internacional se vio sacudida por la caída de las tasas de crecimiento de la economía y el comercio, inflación alta y persistente, ampliación del desempleo y condiciones caóticas en los mercados monetarios y financieros11.

El impacto de este proceso hacia el interior de los distintos Estados nacionales de la región tuvo efectos diferenciales, debido a las particulares situaciones de sus economías, capacidad de mercado, grupos de poder y tipos de gobierno.almente por las condiciones ejemplares que ofrecían algunos países como Brasil y México llegaron a presentar un crecimiento de más del 6% en sus economías6.